El crimen no siempre llega envuelto en sangre y traumas infantiles. A veces se disfraza de concurso de mermeladas, se cuela en una cata de té o aparece entre las páginas de un club de lectura donde todas las señoras parecen tener más secretos que la CIA.
Bienvenidos al cozy mystery, el subgénero de la novela policiaca que no necesita vísceras para engancharte.
Aquí no hay inspectores atormentados ni persecuciones en túneles del metro. Aquí lo que hay es una señora (o señor, o gato, o pastelero amateur) que, entre bizcocho y bizcocho, se da cuenta de que el asesino no podía haber sido el jardinero, porque a esa hora estaba trasplantando begonias.
Si no has leído nunca un cozy y piensas que esto va de tramas simplonas, ya te aviso: te sorprenderías de lo bien hilados que están algunos de estos misterios. Y si ya eres adicta/o, aquí tienes una selección para confirmar que el cozy está más vivo que nunca… aunque siempre haya algún muerto en la página 3.
Muerte en la vicaría, de Agatha Christie

La reina madre del cozy. Primera aparición de Miss Marple, que demuestra que tejer calcetines y resolver asesinatos son habilidades perfectamente compatibles. Un clásico entre clásicos, donde todo parece tranquilo hasta que el vicario se convierte en el centro de un caso turbio. Si solo vas a leer un cozy en tu vida (pero no lo hagas), que sea este.
Y si quieres una guía para leer a su autora, te la dejo aquí.
Agatha Raisin y la quiche letal, de M. C. Beaton

Sí, lo de las Agathas parece que mola en el género. Una ejecutiva pija que se muda al campo y acaba envuelta en un caso de asesinato por quiche envenenada. Británica, irónica y con una protagonista que es un desastre adorable. Agatha Raisin es lo opuesto a entrañable, y eso la hace fantástica: sarcástica, insegura y con un ego del tamaño de su peinado.
El club del crimen de los jueves, de Richard Osman

Cuatro jubilados que se aburren y montan un club para resolver asesinatos reales. Inteligente, entrañable y con ritmo de serie BBC que quieres ver con tu madre (y tu gato). Lo mejor es que las ocurrencias de los protagonistas no son solo adorables, también son muy eficaces. Te hace reír, llorar y querer apuntarte al club.
La muerte llega a Pemberley, de P. D. James

¿Qué pasaría si a Orgullo y prejuicio le añades un cadáver y una investigación criminal? Pues que tienes esta joya de P. D. James. La autora homenajea a Jane Austen con elegancia, metiendo un asesinato en plena fiesta familiar. Misterio, drama de época y mucho orgullo (y también algo de prejuicio).
Finlay Donovan. Una escritora de muerte, de Elle Cosimano

Una escritora de novelas de suspense estresada, con dos hijos y en crisis es confundida con una sicaria. Y, para más inri, tiene que seguirle el juego al malentendido. Comedia, asesinatos y mucho caos con flequillo. No es el cozy típico rural, pero el alma está ahí: investigación amateur, humor y mucho caos doméstico.
Misterio en el club de lectura, de Ellery Adams

Una librería encantadora, un club de lectura que se vuelve más peligroso de lo previsto y una protagonista con un olfato natural para los secretos. Esta entrega de Ellery Adams es perfecta para quienes disfrutan de las dinámicas de grupo, las conspiraciones locales y los libros dentro de los libros. Y sí, también hay pastelitos.
Miss Merkel. El caso de la canciller jubilada, de David Safier

Angela Merkel, ya retirada, se aburre soberanamente y decide resolver crímenes en su nuevo pueblo. Tiene un bulldog llamado Putin. No digo más. Satírica, tierna, loca. Si te cae bien Merkel, te vas a enamorar; si no, también.
Te dejé la reseña de la saga completa de Miss Merkle aquí, por si te apetece saber más de estas maravillosas novelas.
Un crimen con clase, de Julia Seales

Una joven en la Inglaterra victoriana obsesionada con resolver asesinatos mientras todas a su alrededor solo piensan en bordar y casarse. Jane Austen se habría partido de risa. Tiene todo lo que esperas de una novela de época… menos sumisión. Heroína feminista, ironía y cuerpos en la biblioteca. ¡Maravilla!
Exquisitos crímenes para principiantes, de Orlando Murris

Un protagonista con paladar fino, una escuela de cocina venida a menos, asesinatos aderezados con especias y muchos guiños foodie. Ideal para quienes resuelven misterios entre catas de vino y cenas con sospechosos. Cuando el chef Paul Delamare acepta un puesto como profesor en una exclusiva escuela de cocina en el barrio londinense de Belgravia para ayudar a su viejo amigo Christian, lo único que desea es que sus estudiantes aprendan a cocinar de muerte. Pero la primera noche asesinan a Christian. Y la policía piensa que Paul es el asesino. No le queda otra que resolver él el asesinato.
Jane Austen investiga. La desdichada sombrerera, de Jessica Bull

Sí, Jane Austen como detective resolviendo crímenes entre bailes y té con pastas. Maravilloso y absurdo en el mejor sentido. Es el tipo de lectura que no sabías que necesitabas hasta que ves a Jane Austen interrogando con cara de «yo sé lo que hiciste el verano pasado». Te he dejado mi reseña mucho más extensa sobre esta novela aquí.
Si algo tienen en común estas novelas es que nos recuerdan que el misterio también puede ser cálido, que el crimen cabe en una tetera y que los detectives aficionados —ya sean bibliotecarios, chefs, jubilados o ex-cancilleres— pueden llegar mucho más lejos que cualquier poli de novela negra (y hacernos reír mucho más).
Y si de paso te apetece un poco de bizcocho mientras lees, pues mejor que mejor.


