Reseña de El círculo de los últimos libreros, de Sylvie Baron: asesinatos entre libreros, misterio rural y un romance que no termina de convencerme.
Resumen del episodio:
El círculo de los últimos libreros, de Sylvie Baron: librerías bajo amenaza
Una asociación de libreros independientes, tres miembros muertos y la sospecha de que habrá una próxima víctima. Con esa premisa, Sylvie Baron consigue algo bastante eficaz: que entremos en una librería deseando quedarnos y, al mismo tiempo, miremos con recelo a cualquiera que se acerque a la sección de novedades.
El círculo de los últimos libreros nos lleva a Saint-Flour, en la región francesa del Cantal. Allí vive Emma, una librera que fundó una asociación para ayudar a sobrevivir a pequeños negocios como el suyo. Cuando varios integrantes mueren en circunstancias sospechosas, Adrien Darcy, periodista deportivo apartado temporalmente de su trabajo tras un accidente, recibe el encargo de investigar lo ocurrido. Él no sabe gran cosa de libros. Emma conoce a las víctimas y el mundo que compartían. Van a necesitarse, aunque al principio ninguno parezca especialmente contento con la idea.
Lo que más me ha gustado de la novela es la investigación. Sylvie Baron plantea un grupo cerrado, una sucesión de muertes y un patrón temporal que amenaza a los miembros supervivientes. Cada entrevista y cada desplazamiento permiten reconstruir las relaciones entre los libreros y acercarse a la pregunta central: ¿qué ocurrió dentro de ese círculo para que alguien quiera acabar con ellos?
La autora sostiene la intriga sin recurrir a la violencia explícita. Los capítulos breves y la posibilidad de un nuevo crimen dan ritmo a una historia que se mueve entre el cozy crime y el thriller. Además, Emma y Adrien funcionan bien como equipo. Ella aporta la memoria y las claves de su comunidad; él sabe hacer preguntas y observar desde fuera lo que los demás quizá dan por supuesto.
Las librerías tampoco son aquí un simple decorado bonito. La novela habla de las dificultades de mantener abiertos estos espacios en pequeñas localidades y del papel que cumplen como lugares de encuentro. Sylvie Baron siente cariño por sus libreros, pero les permite tener secretos, rivalidades y decisiones cuestionables. Amar los libros, por desgracia, no convierte automáticamente a nadie en buena persona. Si fuera así, las novelas policiacas ambientadas en librerías durarían diez páginas.
Mi reserva está en la historia romántica. Adrien se apellida Darcy, lo que invita a pensar en Orgullo y prejuicio desde su primera aparición. Entiendo la atracción entre él y Emma y me creo la confianza que construyen al investigar juntos. El salto desde esa complicidad hasta el enamoramiento, en cambio, me resultó demasiado rápido. Me convencieron más siguiendo pistas que intercambiando miradas.
Aun así, terminé El círculo de los últimos libreros con una impresión positiva. Su misterio mantiene el interés, el Cantal tiene personalidad y la defensa de las librerías nace del propio conflicto de la novela. En el nuevo episodio de Novela Policiaca Es te cuento con más detalle qué me funcionó, qué no y hasta qué punto encaja este libro en la etiqueta cozy mystery.
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